Propuesta artículo sobre funcionamiento feminista en la ESS

Propuesta artículo sobre funcionamiento feminista en la ESS

Actualmente estás viendo una revisión titulada «Propuesta artículo sobre funcionamiento feminista en la ESS», guardado en el 15 diciembre, 2020 a las 00:21 por MARIA_ATIENZA_RDR
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Propuesta artículo sobre funcionamiento feminista en la ESS
Contenido

Cómo poner luz para colocarle a Som Energía las gafas violetas

Falta introducción sobre el contexto del artículo (Escuela de Som), que tendría que ver cómo adecuar respecto de la charla y seguramente también cambiar el título. También habría que ver cómo meter las citas y extractos de documentos, si integradas en el texto, vincularlas… Y el final va en la línea de la Escuela de Som y habría que buscar otro.

Para introducir una perspectiva de género y feminista en nuestras organizaciones tenemos que...

- 1) Querer:

Obvio pero no…

Venimos de un contexto capitalista y patriarcal que nos impregna en mayor o menor medida. Nos impregna seamos hombres y también mujeres. Cuando hablamos pues de género no hablamos de hombres o mujeres en sentido absoluto, sino de roles y rangos que ocupamos las personas y que también están atravesados por el origen, la formación…

Abro paréntesis para todo lo que viene, pese a que a lo largo de la exposición haré referencia a tendencias de hombres o mujeres, espero que nadie se moleste ni lo sienta como acusación, estamos entiendo en espacios de confianza, para aprender y ser constructivas sin más.

Volviendo al contexto de partida, hemos de entender que al igual que dentro de la ESS seguimos siendo a veces competitivas, consumistas o insolidarias teniendo pues la ardua tarea de deconstruir nuestro ADN capitalista, también tenemos un enorme legado patriarcal que nos impregna aunque no lo deseemos y sobre el que tenemos que trabajar para ir combatiéndolo.

Supone renunciar a privilegios y formas de hacer que tenemos muy interiorizadas, implica cuestionarse y estar dispuesta a cambiar.

Aún queriendo, es posible? Son muchas las Tensiones que este contexto adverso genera si queremos salirnos de sus márgenes y movernos en unos propios. Nosotras podemos, por ejemplo, apostar por cooperar en nuestro trabajo, pero no podemos escapar del mundo de competitividad en que estamos insertas y si queremos optar a determinados trabajos, por ejemplo, hemos de competir incluso con proyectos amigos en licitaciones o subvenciones. Así mismo, podemos estar apostar por contar con condiciones dignas de trabajo, amplias vacaciones... pero la realidad presupuestaria y nuestras precarias estructuras pueden a veces ponérnoslo más difícil de lo que nos gustaría.

Por fortuna no partimos de cero, sino que en el propio seno de nuestra actividad cooperativa y de economía social y solidaria tenemos aliados (no infalibles, eso sí…), como nuestras estructuras participadas y horizontales o los valores que nos guían, como la sostenibilidad de la vida (paradigma muy en boga en nuestros proyectos y movimiento), la importancia de los cuidados…, hojas de ruta sin duda que nos ayudarán a no desviarnos demasiado del camino.

Todo este cóctel está ahí y tenemos que movernos en estas arenas movedizas porque la economía solidaria será feminista o no será.

-2) Mirar:

A partir de ese querer hemos de mirar...

Debemos realizar un ejercicio analítico permanente, crítico y constructivo sobre nuestras prácticas individuales y colectivas. Muchas de ellas están invisibilizadas, por lo que es preciso sacarlas a la luz desde una actitud proactiva ya que la tendencia del sistema es esconderlas. Hemos pues de ponernos las gafas moradas y mirarnos, seamos hombres y también si somos o nos consideramos mujeres, porque el patriarcado, como Hacienda, somos todos y todas...

Y eso supone también darle un espacio para ello, permitirnos mirar, rompiendo así con la tiranía de lo mal llamado “productivo” y esa falsa dicotomía con lo “reproductivo”, que tanto denuncia la economía feminista y que es necesario incorporar también en nuestras prácticas. Si no cuidamos del grupo, de la estructura y el funcionamiento de nuestras organizaciones, del buen hacer también en estos términos de nuestros proyectos, más allá del número de clientes, kw, ingresos o personas socias… acabaremos por no tener proyecto. No en vano uno de los principales fracasos de las organizaciones se debe precisamente a cuestiones de índole humana y relacional.

Puede ser interesante realizar esta labor diagnóstica intensiva si no la hemos realizado nunca o si estamos en un momento en que por algún motivo resulta necesario para obtener así una buena radiografía de nuestro proyecto y un punto de partida para emprender determinados procesos de cambio. Pero no olvidemos que lo esencial es mantener una mirada analítica permanente y continua, transversalizándo así la perspectiva de géneroa todos los rincones y quehaceres de nuestra organización. De nada vale el mejor de los diagnósticos si se queda en un cajón o se aplica de igual manera año tras año. Las entidades son organismos vivos, y como tal están en continuo cambio, por lo que nuestra mirada ha de estar atenta a éstos.

Pero para mirar muchas veces hay que saber hacerlo. La formación en géneroes pues importante. No necesariamente tiene que tratarse de una formación compleja ni muy espacializada, hay muchos cursos online gratuitos o muy asequibles en nuestro entorno, y en muchos casos basta con leer la cantidad de estudios, artículos que últimamente están haciendo nuestras propias organizaciones y el entorno. E incluso, muy probablemente no tengamos ni que llegar a eso, bastará con mirar-escuchando a nuestras compañeras (compañeros también los habrá), que seguro llevan ya mucho recorrido y que nos pueden dar pautas si las observamos e incluso puedan dar formaciones internas entre compas del proyecto.

Este saber hacer no implica que sean las mujeres, las comisiones feministas… quienes deban siempre abordar las cuestiones de género, como quien de algún modo lo esconde debajo de la alfombra. Debe haber una implicación colectiva en estas cuestiones de género pues, “Si cuando aparece una cuestión que afecta a las desigualdades de género se deriva el colectivo femenino para que lo trabaje, asumiendo que se trata de un tema que sólo afecta a las mujeres, no estamos contribuyendo a una transformación real...cuando aparezca alguna temática explícitamente de género, todo el colectivo aprenderá si se aborda entre todas o en un grupo mixto.”

-3) Hacer:

Y ahora que sabemos hacer, hagamos…, toca pues ponerse manos a la obra y hacer porque justamente a partir de la la acción y del ensayo y error seremos capaces de extraer nuevas miradas y nuevas medidas.

Podemos comenzar por hacer ver, visibilizar las tareas reproductivas y productivas, listarlas y analizar quiénes las están realizando (¿acaso son principalmente mujeres?), qué valoración tienen (¿por casualidad están peor consideradas las de sostenimiento?) ..., en definitiva atender a estas tareas para promover repartos justos y equitativos, y buscando romper con la división sexual del trabajo, tanto en las tareas productivas como en las reproductivas.

Y no sólo hacer ver sino hacernos ver, visibilizarnos y empoderarnos o dar un paso atrás, según toque, respecto a los espacios de representación, una cuestión que aún está muy masculinizada. “Se facilitarán espacios para que las mujeres puedan ser libres de apoderarse ante situaciones en las que se ven con menos fuerza y seguridad, hablar en público habitualmente, intenten dejar un poco de espacio para que otros puedan hacerlo también. A veces, creemos que si no lo hacemos no lo hará nadie más, y nos sorprendería ver las personas se animan cuando "los de siempre" no lo hacen si el colectivo los apoya.”

Otra forma de visibilizar es empezar por nombrar las cosas, que como bien denuncian los feminismos, lo que no se ve, lo que no se nombra, no existe. Y esto supone a veces perder el miedo al conflicto o a ser políticamente incorrecta señalando si algo no nos parece respetuoso o inclusivo. Podemos facilitar estas expresiones si le damos espacio a través de ronda de sentires al comenzar una reunión, por ejemplo, para poner en común cómo nos encontramos o posibilitar que compartamos algo si lo necesitamos. Se puede hacer desde lo lúdico, comentando nuestro estado asemejándolo con un parte meteorológico o simplemente usando los colores del semáforo.

Nombrar las cosas y nombrarlas bien, decirlo desde el respeto y la inclusión, cuidando el lenguaje, evitando ese lenguaje sexista que tan interiorizado tenemos. Y no olvidemos que no sólo se habla con palabras, los gestos y el cuerpo también son una poderosísima fuente de información. Las malas caras, risas y otras conductas similares son parte también de un lenguaje ofensivo y prepotente que deberíamos cuidar. Y esos correos incendiarios que a veces nos gusta escribir y que alimentan más que el debate constructivos ciertos egos…, pues también.

Hay que cuidar el lenguaje y también la propia comunicación y sus canales, pues la información es una fuente importantísima de poder. Socializar la información de manera adecuada (evitando también la saturación de la misma, que es otra fuente de censura, sobre todo para quien no tiene mucho tiempo, que en muchos casos coincide con quien más carga de trabajo y de cuidados tiene, generalmente mujeres…) es la mejor manera de que partamos de las mismas condiciones a la hora de participar y tomar una decisión. Eso de mandar informes sobre los que hay que tomar una decisión la noche antes de una asamblea es una barrera clara a la participación, por ejemplo. Transparencia, por tanto, y claridad en los procesos. En este sentido, que los organigramas y personas de referencia sean claros y estén bien definidos facilita así mismo una mayor participación e independencia respecto de las personas más visibles.

Para fomentar la participación y toma de decisiones hay mecanismos también útiles que velan por un correcto funcionamiento en clave de género. Una buena preparación de una reunión o asamblea es una de ellas. Esto implica que haya sido convocada con tiempo suficiente, mandando como se apuntaba la documentación necesaria también en tiempo. Y contar con una buena moderación, que no sólo haga velar por el respeto de los turnos de palabra, sino que incluso desincentive o limite el número de participaciones y la duración de éstas si son abusivas (casualmente por lo general son más los hombres que hablan, en tiempo y número de intervenciones) e incluso aliente a la participación de quienes menos suelen hacerlo con ronda de palabras o incluso intervenciones de tipo cremallera.

En muchas ocasiones el motivo por el que determinadas personas deciden no intervenir en una reunión son las interrupciones que éstas u otras reciben. Se ha hecho famoso el término Manterrupting para definir la interrupción innecesaria del discurso por parte de un hombre a una mujer, palabra que viene del modelo del Mansplaining y que hace alusión al comportamiento repetido de algunos hombres que, con un tono condescendiente y paternalista, explican cosas a las mujeres que probablemente ya saben o que incluso tienen más conocimientos. Ambos ejemplos pueden encontrarse en nuestro entorno y es importante ponerles atención y freno.

Además de estas interrupciones hay otro tipo de distracciones. Habéis notado si a en sus reuniones hay personas que miran el móvil justo cuando hablan de otros? ¿Os habéis fijado si lo hacen más a menudo cuando hablan las mujeres? La comisión de Economías Feministas de la XES grabó en vídeo varias reuniones y se “sorprendió fue detectar que en el momento en que algunas personas hablaban, otros miraban el móvil, la agenda, la libreta ... y detectamos que era un patrón cuando esto se reproducía sistemáticamente. En una reunión donde aparentemente todo el mundo estaba atento a lo que se estaba discutiendo, las intervenciones de algunas personas producían el efecto inmediato de desviar la atención y la mayoría de personas que producían efecto mágico eran mujeres”. Este tipo de observaciones son sin duda una buena forma de conocer el estado de algunas dinámicas en nuestra organización.

Lenguajes y comentarios fuera de tono, interrupciones, distracciones… Muchas de estas cosas, como decimos, podrán abordarse desde una buena moderación. Pero también, sobre todo si se dan fuera de una reunión, en espacios informales, por correo electrónico…, se pueden asignar roles rotatorios para velar por estas cuestiones. A nadie le gusta ser el malo o la mala de la película y hay veces que nos cuesta decir que un compañero/a se ha equivocado, pero, si son las demás, colectivamente, las que nos otorgan esa función, puede que así nos sintamos más legitimadas para ello. Rol, por tanto, para velar por el buen trato y también para garantizar el cumplimiento de los protocolos y decisiones tomadas. Muchas veces ya nos hemos pronunciado u organizado entorno a cuestiones que clarifican o asignan el trabajo o que pueden prever sobrecargas o conflictos, por ejemplo, pero la vorágine de las organizaciones hace que muchas veces tengamos poca memoria y que hoy no recordemos aquello a lo que le dedicamos grandes debates ayer. El que tras un acuerdo o un protocolo haya una persona guardiana, que ayude a garantizar recordando muchas veces simplemente lo acordado, es por tanto una herramienta útil.

Uno de los protocolos importantes para trabajar es el de la prevención y resolución de conflictos. Muchas de las medidas que venimos viendo (incorporar espacio para los sentires, cuidar el lenguaje, visibilizar y distribuir los trabajos reproductivos….) avanzan ya en esta línea, pero es importante trabajarlos de manera específica y dejar constancia de esto, teniendo así mismo personas (rol rotatorio), que velen por ello. En general los protocolos o documentos de cualquier tipo suelen ser útiles, pues si bien no es posible ni deseable tipificarlo todo, la clarificación es una gran aliada frente a esos agujeros negros de lo indeterminado que llevan a la desigualdad en el reparto de tareas o en la toma de decisiones y la concentración de poder.

De cara a la organización del trabajo hay también muchos elementos que contribuyen a incluir una perspectiva de género y a corregir desigualdades y facilitar una participación satisfactoria y plena en nuestras entidades. Muchas de ellas seguramente las conozcamos. La flexibilidad en las jornadas y en los lugares de trabajo es sin lugar a duda una muy importante. Hablamos de poder organizar el trabajo en la medida de lo posible (coordinaciones y cuestiones puntuales a parte) como mejor nos venga para el resto de ámbitos de la vida, hacerlo si es posible y necesario desde casa o el campo si queremos también un poco de descanso, poder contar con opciones de reducción de jornada, excedencias (también en situaciones de activismo no asalariado), tener reuniones por la mañana o por la tarde pero respetando horarios que permitan la conciliación laboral o el derecho al descanso…

Contar así mismo con un espacio para el cuidado (por desgracia es más fácil habilitar una ludoteca para peques que otros dispositivos para otro tipo de cuidados y edades) facilita también la participación, así como también es importante cuidarnos a nosotras mismas y el resto: trayendo agua, fruta... Y más allá de estas cuestiones indispensables para mejorar nuestro día a día, es quizás también interesante que incluyamos los cuidados en nuestros planes estratégicos, explicitando nuestros límites materiales y personales y asumiendo que no podemos con todo y cuidarnos.

Es importante cuidar los espacios formales como las reuniones o asambleas pero también dotarse de espacios informales para conocernos mejor, fortalecer la cohesión, tratar los temas de siempre pero en espacios distendidos… Las cañas de después de las asambleas, ese tercer tiempo de los partidos…, son las grandes cuidadoras de los procesos, donde limar asperezas, seguir debatiendo si necesitábamos profundizar y entender la opinión de algún compa o enterarnos de que la madre de fulanita está enferma y matizar con ello su mala cara y darle un achuchón de paso.

Muchas de estas cosas...balance social…

Todas estas acciones se podrían enmarcar dentro de dos términos fundamentales que son la conciliación y la corresponsabilidad, que “tienen un vínculo directo con visión, percepción de responsabilidad social corporativa y modelos de gestión de las entidades; en definitiva, con la cultura

organizacional. Analizar estas prácticas al interior de las entidades, nos permitirá aproximarnos a la vertiente práctica del paradigma de sostenibilidad de la vida.

Resulta importante no confundir ambos términos. Conciliación hace referencia desde un punto de vista más clásico principalmente a las políticas públicas para permitir la vida profesional y familiar, pero que podríamos ampliar a familias diversas y a todo tipo de responsabilidades de cuidados más allá de estos números de hogares más normativos, como también podríamos ampliar a otros momentos como el del cuidado de las vidas propias, del descanso o el tiempo también para el activismo. Conciliación se asocia, en las políticas públicas, a la inclusión de las mujeres en el mercado laboral, cargando sobre éstas la responsabilidad de compaginar actividades reproductivas con productivas. Cuestionar los roles de género en los espacios domésticos y familiares y el reparto de los diversos tipos de trabajos -productivos y reproductivos- no son objeto de estas políticas, en las que otras dimensiones de la vida personal tampoco son consideradas. El término corresponsabilidad, por su parte, trasciende al de conciliación cuestionando los principios económicos que fundamentan el orden capitalista, cuyo sistema de producción y consumo no permite, en ningún caso, una conciliación real entre la vida laboral y la personal-familiar. … El concepto de corresponsabilidad implica a otros actores sociales e interpela a éstos otros a asumir su parte de responsabilidad.

Otros términos que son importantes y que nos podrían ayudar en esta tarea de cómo hacer nuestra cooperativa un espacio feminista que sitúe los cuidados en el centro de su actividad son: respeto a la diversidad y la confianza….

Hasta aquí algunas pinceladas extraídas de aquí y allá de nuestras prácticas y debates. Se trata de un suma y sigue que juntas vamos construyendo, de manera paralela a nuestras experiencias. Hacer, hacer y hacer por tanto sin miedo a equivocarse, porque no hay recetas mágicas ni universales.

Pero es hora de hacer, pues, como concluye el manifiesto #EnEnergíaNoSinMujeres: “ha llegado el momento de trabajar juntos para que aumente la presencia de expertas en los espacios públicos”, a lo que podríamos añadir, y que participen en igual de condiciones, que los hombres asuman también los roles de cuidado y den un paso atrás para facilitar esta igualdad, existiendo pues una participación plena, libre e igualitaria…, “de manera que la transición energética hacia un modelo más sostenible por la que trabajamos muchas personas sea también una transición hacia un modelo más justo”.

Extracto
Notas al pie de página


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el 14 diciembre, 2020 a las 23:21 MARIA_ATIENZA_RDR
el 3 octubre, 2018 a las 05:36 Blanca Crespo